La creatividad se define como la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos, de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales.
La creatividad es sinónimo del "pensamiento original", la "imaginación constructiva", el "pensamiento divergente" o el "pensamiento creativo".
En la Agenda para la Educación 2030, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la UNESCO sostiene como objetivo general: “Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos." Precisando que alcanzar dicha calidad requiere formar y desarrollar habilidades para la vida entre los estudiantes y entre ellas el pensamiento crítico y la creatividad, así como el enfoque innovador de la misma.
La creatividad impacta no sólo el aspecto cognitivo, sino socio-afectivo de los alumnos, ya que construye la autoestima y aumenta la conciencia de uno mismo. Además, la creatividad y la comunicación van de la mano.
En cuanto al pensamiento divergente, este es un proceso de pensamiento que genera ideas creativas mediante la exploración de muchas posibles soluciones. El pensamiento divergente contrasta con el pensamiento lógico que busca una sola solución correcta basada en nuestros conocimientos previos y ordenados de manera lógica. En cambio, el pensamiento divergente típicamente ocurre de forma espontánea, de modo fluido, tal que muchas ideas son generadas en una pequeña cantidad de tiempo y estas conexiones inesperadas son dibujadas en nuestra mente. El uso de la tecnología en el aula posibilita y motiva ambos. No sólo se trata de imaginar o de ver o escuchar ejemplos de conocimiento, sino de poner manos a la obra para construirlo.
El uso de la tecnología de impresión 3D ha dado lugar a los llamados “makerspaces”:
espacios de creación en los que se utilizan máquinas de control digital para construir
“casi todo” y donde se intercambia conocimiento entre sus miembros. Reciben
distintas denominaciones en función del tipo de comunidad en el que están
integrados: “Coworking Spaces”, “Laboratorios de innovación”, “Media Labs”,
“Fablabs” o “Hacklabs”.
Todos ellos son el ejemplo perfecto de aprendizaje
colaborativo en el que se construye una solución a un problema que se ve
materializada en un objeto, pero al mismo tiempo también se construye
conocimiento.